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El idiota amor a la vida

Molido.
Más oscuro que la noche, silencioso, vuelvo a la cueva a lamerme las heridas.

Dicen que no hay amor en mis lamentos, y puede ser; pero cada sonrisa que regalo, cada insulto que me trago, cada acto de respeto a el estanque de felices carpas atrapadas en su espacio de alcohol y migajas es en si mismo un acto de amor a los demás.

Cuando regreso con mi cuerpo regurgitado después de inmolarme por un plato de judías y busco un momento de olvido, paz y silencio, eso es en si mismo un acto de amor por la vida.

La vida parece un acto reflejo que transcurre entre dos puntos fijos pero es un camino lleno de excusas para amarla y meterme en la gruta del monstruo que almacena todo lo oscuro, miserable o simplemente incomprendido que llevo dentro, enfrentarlo y intentar una y otra vez que nos comuniquemos es en si mismo un acto de amor propio.

Seguro que soy el único que piensa así y no me parece mal. creamos la realidad mediante un órgano, el cerebro, que es ciego, sordo, sin tacto… le regalamos ese tesoro a una masa blanda que depende de otros órganos externos que en realidad tampoco ven, oyen ni tocan; solo interactúan con cosas que les devuelven inputs que el amigo blando interpreta en función de los convencionalismos de la mayoría.

No nos engañemos, una silla lo es porque todos lo creemos, pero si creyéramos que es un cubo de basura comeríamos sentados en uno.

Por eso me pregunto si es juicioso cederle algo tan precioso como la realidad a un órgano que en principio es bastante tonto. Y ya ni hablo de dejarle que nos diga lo que son las emociones como el amor.

Yo creo que en general amamos vivir, por eso hacemos tantas cosas que no queremos hacer, para vivir integrados en un grupo social, en una familia, en una pareja…

Me canso. Ya seguiré otro día divagando.

05/19

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Dueto nocturno

Escupía, vomitaba pensamientos nonatos,
hoy un caos distorsiona mis letras,
agobia mi escritura con dualidades intangibles.

Tengo calma, aceleración,
desconexión y sentimiento.

Salgo de mí día a día y rompo cada piedra
como rompo mi disco duro cada reinicio.

¿Dónde están los lugares comunes?
La familia,
los “amigos”,
las rutinas…

Cuando la piedra es polvo sube la anestesia…
se vierte sobre mi insomnio
la calma,
la terca irrealidad que mata el feto de mi no vida.

Va por el ángel caído,
va por el día tuerto
en la noche de los ciegos.

Y mis suspiros haciendo volar
el sueño de una noche de…
¿verano?, ¿primavera?

“En la noche los sentidos se despiertan
se alejan los fantasmas del día
la euforia de abandonar el destierro de lo cotidiano
me llena de sensaciones…confusion…euforia…
quiero alargar el momento hasta agotarlo
luchando contra el sueño contra todo lo que me haga regresar a la realidad”

Los deseos se bifurcan.
la claridad parece esquiva sin letras que la dibujen
y cada verso suelto se atora
con mi inseguridad como palo de rueda.

Siento que no digo lo que siento
mientras
siento lo que digo sin querer saberlo.

Puedo morir en una página en blanco,
pero dejare la tinta de mis no palabras como herencia
juego con ventaja tengo la mano que transcribe
lo que mi mente agitada no es capaz de transmitir…

Tengo la noche, el joker,
la vida y la muerte de mis versos en el caos alcohol,
en la pupila dilatada sin filtro
de un teclado mentiroso
que siempre dice la verdad.

Huyo de un yo para
refugiarme
en un soy.
Mi esencia se rompe en fragmentos que
retornan a un no cuerpo desnudo y libre.
Se liberan los demonios en un duelo
a golpe de tecla de palabras que se entrecruzan
que nos convierten por unos momentos
en los dueños del universo
pasamos de ser seres a ser estrellas
a sentirnos por un momento en dueños
de nuestras esencias…y a compartirlas
en este duelo nadie quiere ganar
solo vivir.

04/19 (A cuatro manos-dueto nocturno)

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Sin Fe solo hay hogar

Caronte pregunta,
rompe el silencio estigio de su ir y venir
y brotan burbujas iracundas,
gritos sordos y oscuros ahogados por la muerte.

Quiere saber porque
el eco del hades no amaina.
Porque su cabeza es una caja de resonancia
rota de golpes que salen sin entrar.

La barca se agita,
los gritos se agolpan en olas negras
que apuñalan,
insultan,
queman,
estrangulan…

Y Caronte solo pregunta y pregunta.

Su remo es el timón de su duda y golpea
una
otra
muchas veces, golpea el estigio con furia cada vez menos contenida.

Ya no escucha los lamentos.
,,Ya no siente el arrepentimiento tardío
como una suplica inocente de redención.
Ya no comprende el Hades como un castigo…

Ahora es su hogar.

04/19

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Demonio Blanco

Llueve.
golpes perforando mi piel
mojando mis músculos,
ardiendo en mis huesos como fuego griego.

A mi lado esta
es
mi demonio favorito le sonríe a mi duelo.

Blanco
hermoso
ofreciendo media hora más de paz de mentira.

Duele.
mas la calma que el daño
marcan mi miedo a dormir
oliendo la carne quemada por la marca del yo.

No hay reto
fe
sabe que voy a por el dándole lo que me doy.

Rompe
seco
dejando el amargo sentimiento de la anestesia.

El reloj de lo comprendido se paro
y
no consigo devolverle una vida mecánica
que
se amotina contra mis emociones.

04/19

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Poesia

Orin

El charco de orín es caliente,
mío,
perfumado de acera y basura.

Dos gatos follan,
yo bebo,
un coche frena con un chirrido corrupto
y la noche se llena de sangre y maullidos de agonía.

Un tacón pisa el charco,
el de sangre,
caliente,
agonizante,
perfumado de sexo y asfalto.

Las cabezas giran buscando una fachada,
las cabezas giran muertas por reflejo,
los ojos llegan al portal que los engulle
en humo,
en perfume,
en música abstracta…
los ojos se apagan en un amasijo de tripas humeantes.

Miro los neumáticos húmedos… rojos

Miro el pelo liso destrozado… rojo

Miro la botella vacía en mi mano
y miro a través de su cuello,
desde la distorsión de su fondo,
un mundo travestido de humanidad
viviendo la mentira de su adolescencia.

El charco de orín es frío,
ajeno,
perfumado de basura y fracaso; buscare otra botella

04/19

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diario de aullidos, Sin categoría

Retorno al “eden”

Retorno al vacío.

Cuando el cordón umbilical reclamó mi vitalidad el Lunes aun había algo de humano en mi, la recuperación del finde había surtido algo de efecto.
Hoy ese hilo conductor me escupe como un desecho, como la mierda que soy después de regalar mi escasa vitalidad a un sistema imbecil y atrofiado que no sabe hacer nada positivo por si mismo, ni sin si mismo… un sistema servil sin retorno para los limones que exprime.
“Cuando se acaben las moscas
también morirá la araña…”

El retorno es dolor, un sufrimiento apenas amortiguado por la buena compañía, las drogas y el alcohol que se va extendiendo por mi interior como estaño caliente.

No puedo mirar a los ojos de mis hijos por miedo a lo que vean, he apartado de mi lado a todos los que pueden sufrir con el vacío de unas pupilas que dejaron de brillar cuando la muerte se convirtió en la excusa para vivir, y solo unos pocos “rechazados” son bienvenidos a esta muerte en vida que no lleva a ningún lugar.

El camino no existe, hago por caminar pero solo hay lugares comunes que me miran extraños, rodeados de una oscuridad amenazante que se burla de ellos sin piedad. El sol calienta mi cara, el aire acaricia mi piel, las ilusiones enquistadas de un pasado que ya no es resurgen envueltas en presente, disfrazadas de algo que no son, y el futuro es un laberinto de espejos en el que solo veo mi imagen envejecida, acurrucada, temblando de agotamiento y miedo.

Quizás mi hígado reviente, soy consciente, pero estos pequeños rescoldos de irrealidad son para mi, hoy por hoy, un regalo de valor incalculable.

No somos nada.

03/19

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RELATOS DE BARRA

Los chicos están bailando

¡Oh, vamos, vamos, vamos, vamos!
¿No te hice sentir que eras el único hombre? ¡Sí!
¿Y no te di casi todo lo que posiblemente
una mujer puede dar?

¡Cariño, sabes que lo hice!
y cada vez me digo a mí misma que,
bueno, creo que ya he tenido bastante,
pero voy a demostrarte, chico, que una mujer puede ser dura,
quiero que vengas, vamos, vamos, vamos, vamos y tómalo

¡Tómalo! Toma otro pedacito de mi corazón ahora, ¡chico!

¡Oh, oh, rómpelo! Rompe otro pedacito de mi corazón, cariño, si, si, si
¡Oh, oh, cógelo!

Janis, siempre Janis. ¡Claro que soy único a tu lado cariño!, pero sabes que no estoy a tu lado, que nunca estaré a tu lado.

Semáforo en rojo. Las puertas se abren y entran tres tipos en el taxi, uno a cada lado mío y otro en el asiento del acompañante, delante, junto al conductor.
Yo callo, el taxista habla, ellos piden silencio y el semáforo se pone en verde.

Me quito los cascos y escucho la música del conductor:

“Si no tuvieran que estar en una habitación
Jugando a que están vivos
O pintando un culo de carmín, en un vater sucio
Si no tuvieran que estar perdidos
Entre el paro y la delincuencia
Podrían organizarse y ponérnoslo peor
Aunque estén un poco puestos, no te apures
Los chicos solo están bailando el Boogie Boogie”

¡Vaya, gatillazo!. me va a caer bien este taxista.

El tipo de adelante exige ir a una dirección, el conductor se niega, yo le digo que les haga caso y un puño impacta en mi mejilla derecha:

-¡Tu calladito!.

Me repongo del golpe y asesino con mi mirada al agresor, el acusa el golpe visual y desvía la mirada. Bien, es un “obediente”.

Giramos dos calles a la derecha y enseguida me doy cuenta de que no vamos donde le han exigido al taxista. Miro por el retrovisor y su mirada me devuelve alivio por el detalle y un leve movimiento de cabeza.
Comprendo.
Valoro.
Una palomilla esta muy cerca de mi costado izquierdo y por el derecho solo hay un puño americano, lo cual justifica el dolor de cabeza que me esta entrando después del puñetazo, flojo por la falta de espacio para el gesto de golpear, pero lo suficientemente fuerte para dejarme un rastro de dolor que me esta cabreando por momentos.

“Si pudieran ser amables
En un mundo congelado
Que les roba un día tras otro
Las ganas de vivir
Si pudieran creer
Que existe algún futuro antes de hacerse viejos
Si pudieran imaginarlo
Aquí habría un buen follón
Aunque estén un poco puestos, no te apures
Los chicos solo están bailando el Boogie Boogie”

No son el enemigo.
Vuelvo a mirar por el retrovisor y niego con la cabeza. En el siguiente semáforo en rojo insisto:

-Obedezca, haga lo que le piden, yo respondo por ellos.

El conductor se ve en minoría, se siente en minoría, es vulnerable… y obedece.

Les lleva donde querían y cuando le piden la recaudación saco la cartera y es doy todo mi dinero y las tarjetas. Les digo la clave para sacar el dinero que tengo y, fijos mis ojos en los de su líder, les digo que se vayan.
Obedecen.
Sumisos.
Entregados.

“Nada que perder
Nada que ganar
Nada que aprender
Mucho que olvidar, Boogie”.

Me bajo yo también. Pago la carrera con lo que me queda suelto y el taxista no me quiere cobrar.
Aun así le dejo las monedas en el asiento y me marcho pensando:
-Deberíamos escuchar lo que creemos que escuchamos.

03/19

 
No somos nada.

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